El 4 de octubre de 1917 nace Violeta Parra

El 4 de octubre de 1917 nace Violeta Parra

Un día como hoy pero de 1917 nacía Violeta del Carmen Parra Sandoval en San Fabián de Alico​ o San Carlos,​ Región de Ñuble, fue una cantautora, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, considerada una de las principales folcloristas en América del Sur y divulgadora de la música popular de su país, a la que enriqueció con su obra. Es miembro de la prolífica familia Parra.

Escuchá las mejores canciones de Violeta Parra

La contribución de Violeta Parra al quehacer artístico y musical chileno se considera de gran valor y trascendencia. Su trabajo sirvió de inspiración a varios artistas posteriores, quienes continuaron con su tarea de rescate de la música del campo chileno y las manifestaciones constituyentes del folclore de Chile y América Latina. Sus canciones han sido versionadas por diversos artistas, tanto chilenos como extranjeros.

En conmemoración de su natalicio, el 4 de octubre fue elegido el «Día de la música y de los músicos chilenos».

Escuchá a Violeta Parra definindo las cuecas chilenas

 

Su Muerte

Según Margot Loyola, Violeta Parra le habría dicho: «Uno, comadre, tiene que decidir el momento de su muerte [... Yo] decidiré el momento en que quiero morir».​ Tras algunos intentos fallidos —durante 1966 había intentado cortarse las venas—, se suicidó​ de un disparo en la cabeza a los 49 años en su carpa de La Reina a las 17:40 del 5 de febrero de 1967. En su última carta, dirigida a su hermano Nicanor, escribió, entre otras cosas: «Yo no me suicido por amor. Lo hago por el orgullo que rebalsa a los mediocres». Cuando se enteró de su muerte, Pablo Neruda expresó: «De cantar a lo humano y a lo divino, voluntariosa hiciste tu silencio, sin otra enfermedad que la tristeza». Una capilla ardiente se levantó en su carpa​ y su funeral se llevó a cabo dos días más tarde, cuando fue enterrada en un nicho de la galería 31 del Cementerio General de Santiago. Posteriormente, sus restos fueron trasladados cerca del Memorial del Detenido Desaparecido y del Ejecutado Político en el mismo cementerio, y en 2018 se construyó una plazoleta alrededor de su sepultura.

Mientras que para muchos resulta paradójico que la autora de «Gracias a la vida», un himno a la existencia, se suicidara un año después de escribirla, otros críticos de su obra perciben en la letra, en el estilo de musicalización, en los tonos usados y en la monotonía de sus temas el reflejo de un estado de ánimo depresivo y una canción de despedida.

Póstumamente, se le otorgó la medalla Gabriela Mistral en 1998

 

Discografía

Violeta publicó los siguientes álbumes durante su vida:

  • 1956: Cantos de Chile (Presente/Ausente)
  • 1957: El folklore de Chile, vol. I – Violeta Parra, canto y guitarra
  • 1958: El folklore de Chile, vol. II – Violeta Parra acompañándose en guitarra
  • 1959: El folklore de Chile, vol. III – La cueca presentada por Violeta Parra
  • 1959: El folklore de Chile, vol. IV – La tonada presentada por Violeta Parra
  • 1961: El folklore de Chile, vol. VIII – Toda Violeta Parra
  • 1962: Violeta Parra en Argentina
  • 1963: Au Chili avec los Parra de Chillán (con Isabel y Ángel Parra)
  • 1965: Recordando a Chile (una chilena en París)
  • 1965: Carpa de La Reina (varios intérpretes)
  • 1966: Las últimas composiciones

Violeta Parra dejó una gran cantidad de música inédita, que se ha ido conociendo después de su muerte. Sus Décimas autobiográficas (ya editadas en libro), que habían sido grabadas con voz de Violeta, fueron recopiladas en un LP editado por Alerce en 1976 (después ampliadas en Décimas y centésimas); Warner Music Chile sacó en 1999 el concierto que dio en Ginebra (Violeta Parra en Ginebra) y sus peculiares Composiciones para guitarra.

Un aporte importante a la música es el rescate de la tradición musical chilena por parte de Violeta: el canto a lo divino («El rin del angelito», «Verso por una niña muerta», por ejemplo), el lamento mapuche («Qué he sacado con quererte»), instrumentos como el guitarrón, sus canciones nortinas, sin dejar de lado su gran sensibilidad social, como en «Mazúrquica modérnica», «Rodríguez y Recabarren» y «La carta», entre otras.