A 33 años de la partida de Federico Moura

  • A 33 años de la partida de Federico Moura

    Hoy 21 de diciembre se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento del músico, cantautor, compositor, productor discográfico y diseñador de ropa argentino.

    Nacido un 23 de octubre de 1951 en la ciudad de La Plata, el mismo día que el músico y cantautor Charly García, fue el cuarto de seis hermanos en la familia Moura. Desde una temprana edad su interés por la música se hizo presente, pasión que compartiría años más tarde con dos de sus hermanos, Julio y Marcelo, y formarían una de las bandas de rock más “escandalosas”, icónicas y revolucionarias de Argentina y América Latina de los años 80, por la que popularmente es conocido como el vocalista y líder, siendo así uno de los más influyentes y reconocidos músicos de rock hispanoamericano. 

    Su primera experiencia artística transcurrió en plena adolescencia con el grupo Dulcemembriyo, el cual realizaba principalmente "covers" de bandas anglosajonas como The Who, Steppenwolf o Black Sabbath, además de algunas canciones en castellano con letras de un entonces desconocido Indio Solari. Con ésta logró realizar algunas giras por América Latina como bajista. Ya en el año 1978, formó parte del grupo “Las Violetas”, el cual se disolvería poco tiempo más tarde para fusionarse con la banda “Marabunta” y formar Duro, conocida poco tiempo después como Virus, la banda que cambiaría todo, siendo la cúspide musical de Federico y los Moura.

    Al igual que su hermano mayor Jorge, tenía marcadas fuertes convicciones políticas. Militó en el siloísmo, corriente político filosófica, origen de lo que hoy es el Movimiento Humanista. Jorge al igual que sus hermanos era un amante de la música, pero más aún de la política. Militaba en el mismo movimiento que Federico, pero luego se involucraría en la Juventud del PRT-ERP, donde se lo conoció como “el Sargento Manuel”.  Jorge fue secuestrado por un grupo de tareas durante la última dictadura cívico – militar, en el año 1977 y hoy forma parte de las 30.000 víctimas desaparecidas seguidas de muerte durante la dictadura.

    Federico junto a Virus fueron duramente criticados por los medios, la sociedad y el público rockero que no lograba entender el fin de la banda. Siendo principales intérpretes del New Wave, junto con bandas como Soda Stereo, Los Abuelos de la nada, Los Twist, o Viudas e Hijas del Roque Enroll, tenían una característica en especial, y es que venían a romper estructuras implantadas del establishment del rock nacional. Su look, sus vestimentas, sus puestas en escena, sus melodías y sobretodo sus letras, las cuales fueron catalogadas como “frívolas” por algunos sectores dado a la característa “anti-sistema” de la música en esa época, en realidad eran una nueva forma de expresar lo transgresor de cierto modo que pocos pudieran entender esa “ironía y romanticismo”.

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    A principios del año 1987, durante el lanzamiento del séptimo disco de la banda, llamado “Superficies de placer” , grabado en Río de Janeiro y mezclado en Nueva York entre abril y agosto de ese mismo año, tras varias dificultades que venían frecuentándose en la salud de Federico, por medio de unos estudios conoció la noticia más inesperada y triste, padecía del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), mayormente conocido como SIDA.

    A pesar de ello, continuó con Virus, junto a su hermano Marcelo como cantante, mientras que él decidió iniciar la grabación de un disco solista que jamás llegaría a completar y que aún hoy permanece inédito. Su último registro oficial son las canciones folclóricas “A mí me dicen el tonto” y “En Atamisqui”, incluidas en el compilado Grito en el cielo, proyecto, organizado por la musicóloga tucumana Leda Valladares, quién logró reunir a diferentes cantantes de diferentes géneros para rescatar antiguas coplas, vidalas y bagualas del Noroeste argentino.

    En el año 1988, realizó su última aparición pública y mediática en el Teatro Fénix, optó por alejarse discretamente para transitar los tiempos más graves de su enfermedad. Falleció en la madrugada del 21 de diciembre de ese año, como consecuencia de una insuficiencia cardiorrespiratoria en su departamento del barrio de San Telmo. Fué el cierre de un ciclo que meses  anteriores se había llevado a Luca Prodan y a Miguel Abuelo, éste último por la misma enfermedad, siendo un año catástrofe y de luto para el rock en español, y marcando de este modo el fin de la era del rock argentino ochentoso.

    Su inteligencia, lucidez y música siguen vigentes y a disponibilidad como legado del artista, y seguirá siendo un ícono infaltable a la hora de hablar de rock y liberación.